martes, 7 de enero de 2014

Palabras de agradecimiento


Palabras de agradecimiento de Paco Abril
al recibir el Premio María Elvira Muñiz 2013

Alguien dijo, y lo comparto, que los seres humanos somos cuentos de cuentos que van contando cuentos. El Premio María Elvira Muñiz es también para mí un relato, y un relato con un título que debe aparecer siempre con mayúsculas. Ese título es AGRADECIMIENTO.
AGRADECIMIENTO muy especial, en primer lugar, a las personas que han presentado mi candidatura, esto es, a Ana López Chicano, mi mujer, la mujer de mi vida, y a Sonia Segarra, amiga del alma. Ellas recopilaron datos biográficos, de los que ni yo me acordaba; recabaron firmas de apoyo y, en fin, llevaron a cabo esa enorme labor callada, minuciosa y tenaz con la que tantas cosas se consiguen.
AGRADECIMIENTO a todas y a cada una de las más de cuatrocientas personas que apoyaron esta candidatura con su firma. No es el momento de  nombrarlas a todas, claro está, pero mencionaré, como botón de muestra, a las primeras que aparecen en la lista: Ángeles Caso (enorme escritora), Tadeusz Malinowski (pensador, escritor, antropólogo), Francesco Tonucci (psicólogo impulsor de la Ciudad de los Niños), Rosa Navarro Durán (apasionada catedrática de literatura y escritora), Marino Pérez Álvarez (Catedrático de Psicología de la Personalidad de la Universidad de Oviedo), Noemí Pinilla (astrofísica), Teresa Mlawer (Editora de literatura infantil en Nueva York), Pedro Pablo Alonso (ahora director del Diario de Mallorca, y la persona que me propuso realizar el suplemento infantil La Oreja Verde, suplemento que se publicó durante 23 años sin interrupción en el diario La Nueva España), Beatriz de Melo (bibliotecaria, es decir, una de esas valientes profesionales que ejercen la profesión más arriesgada del mundo. Y digo arriesgada porque estos profesionales trabajan con dos de los elementos más inflamables que existen: libros y lectores. Los bibliotecarios saben, mejor que nadie, que un libro, puesto en contacto con un lector, produce una reacción impredecible e imprevisible. Para evitar sus peligros, lo primero que suelen hacer los dictadores es prohibir los libros y, por supuesto, impedir que se lea), Antonio Merayo (poeta y amigo, que la amistad es la forma más viva de la poesía), Orlando Moratinos (investigador infatigable de la vida y la obra de Jovellanos), Dolores Soler Espiauba (escritora, Premio Café Gijón de novela). A ellos, y al resto de ese extenso listado, muchísimas, muchísimas gracias.
AGRADECIMIENTO a mi hijo Manuel por todo lo que me ha enseñado sobre literatura infantil y juvenil, aunque él no lo sepa. Ya a los cuatro años me dijo: «Cuando me cuentan cuentos me entran muchas ganas de saber leer».
Subrayo que dijo «saber a leer», no «aprender». Es muy importante esta matización, pues implica una aguda intuición de lo que significa esa curiosa actividad, tan difícil de explicar de manera completa, satisfactoria y precisa.
Porque leer es mucho más que disponer de una habilidad concreta, es mucho más que descifrar un texto, y hasta mucho más que entender lo que dicen las palabras escritas. Leer es tener la posibilidad de acceder a uno de los más prodigiosos logros alcanzados por los seres humanos: conseguir «hacer hablar» unos signos que alguien grabó en una piedra, en una tabla o en un papel, y «escuchar» a esos signos relatar historias, informar de sucesos, transmitir ideas nuevas. Mi hijo Manuel me ha dado también muchas claves para redactar Los dones de los cuentos, libro ya casi terminado y que espero se publique el próximo año.
AGRADECIMIENTO al jurado de este premio por considerar valiosas mis aportaciones relacionadas con la difusión de la lectura, que empecé a pergeñar, con mucha, mucha inseguridad hace algo más de treinta y cinco años.
AGRADECIMIENTO a la Fundación de Cultura, Educación y Universidad Popular de Gijón que me permitió transformar en realidad ideas que hubiera sido muy improbables conseguir llevar a buen puerto sin ese apoyo institucional.
 AGRADECIMIENTO a Julián Jiménez que, en tiempos muy difíciles para mí, y siendo el director de esta institución, me pidió que preparara proyectos dirigidos a la infancia. Le propuse un amplio programa de actividades que respaldó sin reservas, y así pude desarrollar, entre otras muchas propuestas, exposiciones de cuentos, talleres, como el dedicado a dar a conocer la vida y la obra de Jovellanos, espectáculos, encuentros con escritores, planes de investigación.
AGRADECIMIENTO muy especial a aquellas personas con las que he tenido diferencias y discusiones, porque me han hecho ver mis lagunas, mis deficiencias, mis sombras.
AGRADECIMIENTO a la desaparecida editorial Llibros del Pexe, dirigida por Carlos G. Espina y Marina Lobo, que me publicaron mi dos primeros cuentos para niños, La niña de la nube y ¿Sois vosotros los reyes Magos?
AGRADECIMIENTO a mis admirados maestros y maestras de toda Asturias y otros lugares de España que, en cursos y visitas a sus centros de enseñanza, tanto me enseñaron sobre la necesidad de no regatear esfuerzos en la enseñanza pública de calidad, que es el único instrumento, como ya afirmaba Jovellanos, de perfeccionamiento, prosperidad y felicidad de las naciones.
AGRADECIMIENTO a Richmal Crompton, la genial creadora de un personaje que me dejó una huella imborrable en la memoria, un personaje que me enseñó, a la vez, a ser rebelde y a disfrutar de la vida. Ese héroe de mi infancia se llamaba  Guillermo Brown. Viviendo sus relatos a los 8 años, me apunté a la única banda a la que sigo siendo fiel todavía, la banda de Los Proscritos.
AGRADECIMIENTO a mi madre, a la que tanto le hubiera gustado verme hoy aquí, y de la que he tratado siempre, sin conseguirlo todavía, de adquirir algo de su capacidad de comprensión, de su sensibilidad y de su bondad.
Y, por último, AGRADECIMIENTO muy, muy especial, a María Elvira Muñiz, la incansable investigadora, la escritora, la gran maestra de la literatura y de la vida que da título a este premio.
Y acabo con el texto de la postal que hemos preparado para afrontar el año 2014.
Aunque nos atemoricen
con cabos del miedo
que no debemos traspasar,
en frágiles embarcaciones
saldremos a navegar.
Iremos a esa tierra
que los cartógrafos del pavor
aseguran que ni existe ni existirá.
En sueños hemos visto
que se encuentra más, más allá.
Ponemos rumbo a ese lugar
que ya sabemos dónde está
porque lo podemos imaginar.

lunes, 16 de diciembre de 2013

En 2014


martes, 10 de diciembre de 2013

domingo, 3 de noviembre de 2013

Paco Abril en el programa Pieces de TPA

Entre los minutos 9:21 y 20:41, entrevista a Paco Abril en el programa de la TPA 

domingo, 6 de octubre de 2013

Con alma de papel


Exterior del centro cultural Valey en Piedras Blancas. En la primera planta se puede visitar la exposición Con alma de papel.

LA PRENSA SE HACE ECO DE LA EXPOSICIÓN EN EL VALEY

EL COMERCIO

LA NUEVA ESPAÑA

sábado, 20 de julio de 2013

La celebración de la palabra

A lo largo de mi vida profesional, me ha tocado organizar muchas conferencias y he asistido, y sigo asistiendo, a muchas otras. Uno trata de buscar chispas de lucidez que lo iluminen en las palabras de los otros.
He tenido ocasión de escuchar magníficas exposiciones, pero también, las más de las veces, he sufrido conferencias karaoke, en las que alguien, auxiliado por el dichoso PowerPoint, pretendía convertirnos en estúpidos leyendo lo que todos podíamos leer en la pantalla. He escuchado a demasiados ególatras hacer tantas referencias a sí mismos que no dejaban ni un resquicio para que entrara más discurso que el de su omnipresente yo. Y he soportado sermones de gurús de diversa índole que lanzaban dos ideas con voz entusiasta repitiéndolas una y otra vez, como si en la repetición estuviera la verdad, dejando al auditorio embobado contemplando los fuegos artificiales de sus naderías.
Lo cierto es que apenas se publican comentarios críticos sobre tan extendida actividad oratoria.
Sirva esta introducción para destacar la charla-entrevista que el periodista y escritor Miguel Barrero sostuvo con Antonio Muñoz Molina en el Centro Niemeyer.
Adelanto que me produce una gran alegría poder escribir sobre lo bien hecho, dado que la conversación, mantenida con pulso exquisito por un periodista muy bien documentado, pero que en ningún momento alardeo de su conocimientos, fue un ejemplo extraordinario de lo que es la difícil sencillez. Congregar en un teatro a casi seiscientas personas para oír hablar a alguien tiene gran mérito. Y eso que los organizadores no lo pusieron fácil, pues, aunque el acceso era gratuito, había que retirar invitaciones, y sólo se podían recoger en las oficinas del Niemeyer y en la Universidad Laboral de Gijón. A quien deseara ir, pongamos, desde Oviedo, Langreo o Navia no le quedaba más remedio que perder casi una mañana o una tarde en conseguir entradas. Por eso la gran afluencia de público fue aún más estimable.
Si analizamos el acto como si hubiera sido una representación teatral, lo que en cierto modo fue, comprobamos que nada faltó, que nada sobró, que nada rechinó. En el gran escenario que albergaba el encuentro se montó una sobria escenografía: dos acogedores butacones con orejeras y una pequeña mesa. La creación de un espacio intimista en el que no sólo estaban los actores, sino que abarcaba también al público, se consiguió a la perfección con la magistral dosificación de la luz. Qué poco se valora ese alarde técnico gracias al cual se logra centrar aún más la atención del espectador. El recogido ambiente creado por el efecto lumínico se completaba con un sonido impecable.
La charla estuvo precedida por una necesaria introducción del poeta Jordi Doce, coordinador y alma del “Ciclo de Palabra” en el que se enmarcaba el acto.
Y fue de verdad una celebración de la palabra –dicho sea en sentido no religioso–, de la palabra que sirve para comunicarse, para conversar, para compartir, para acercarse en la discrepancia. Y cómo contrastaba esa No violencia verbal que practica Muñoz Molina, cultivador ejemplar de la templanza, con la vociferación, el grito, la crispación, la exaltación del yo o la pedantería que tanto se fomenta. Ya Jovellanos deploraba la actitud de aquellos que ponían en sus pulmones lo que les faltaba a sus razones.
Si la violencia crea su propia dinámica, como decía el entrevistado, también la No violencia crea la suya. Fue la que vimos allí escenificada entre Muñoz Molina y Miguel Barrero, esa No violencia que muchos y muchas desearíamos que predominara en las relaciones humanas. Esa No violencia que explica la aparente contradicción de “rebelión cívica” que propugna Muñoz Molina.
Como dice la escritora argentina Ivonne Bordelois en su obra: “La palabra amenazada”, “nada favorece y robustece más la esclavitud que la pérdida del lenguaje”. Perder la palabra es ir directos hacia la sumisión. La palabra se pierde cuando no se ejerce para hablar, sino para ordenar o imponer, cuando no se presta atención atenta, cuando sólo se utiliza para escucharse a sí mismo, cuando se usa para gritar, humillar, blasfemar, rebajar o insultar.
Muñoz Molina se mostró, sobre todo, como un gran narrador. Pero no de esos que van del yo al yo, esto es, de los que cuentan para su ego, o para oírse en los demás. Experimentado viajero, ha ido de su Yo al territorio desconocido del Otro o de los Otros. Y nos demostró que, para trasladarse a ese territorio, quien escribe debe tener la capacidad de escucha muy, muy atenta, muy, muy afinada, muy, muy abierta, con el fin de conseguir transformar ese milagro de la imaginación que es una buena obra literaria en algo que ataña a todos. Y no debemos olvidar que ese vínculo con la palabra, que nos caracteriza como seres humanos, empieza en la cuna, en ese irremplazable momento en el que a un bebé se le narra un cuento. 
Por eso, acontecimientos como el de la conversación entre Muñoz Molina, Miguel Barrero y el público asistente, son una puerta abierta para entrar en una convivencia distinta en la que primen el respeto, el amor a lo bien escrito y a lo bien hecho, el escuchar a los demás y el salirse de uno mismo. Un gran camino por hacer.

Paco Abril. Artículo publicado en La Nueva España (27-06-2013)