sábado, 31 de marzo de 2012

Candela y el misterio de la puerta entreabierta

Candela y el misterio de la puerta entreabierta
Autora: Reyes Martínez
Ilustrador: Luis Ángel Cernuda
Editorial: Círculo Rojo
De 8 a 108 años

Cada poco, Jorge le pedía a Reyes, su madre, que le leyera lo que estaba escribiendo. Ella, aparte de trabajar en un hospital y ejercer de madre (la profesión más extraordinaria que existe), es escritora. Y Jorge su mejor crítico.
Ella le empezó a leer:
«Candela estaba mirando por la ventana. Todos los día la misma historia. Estaba harta de números, mapas, ríos y tablas de multiplicar…»
–Espera, mami, espera, todavía no me has dicho cómo se titula tu libro.
–Ah, es verdad, claro. Lo he titulado Candela y el misterio de la puerta entreabierta. ¿Te gusta?
–Sí, me gusta mucho que tenga la palabra misterio, y también lo de «la puerta entreabierta» porque detrás de ella puede pasar cualquier cosa. ¿Y qué le ocurre a esa niña? ¿Es un libro de mucho miedo? ¿Tiene enigmas que resolver?
–Ay, ay cuántas preguntas a la vez. Te contesto una por una. Candela, la protagonista, es una niña muy curiosa y muy imaginativa. Todos los días se detiene ante una casa muy vieja y misteriosa que atrae poderosamente su atención. La madre de Candela, dándose cuenta de su interés, le hace prometer que jamás entrará en esa casa. A lo del miedo te diré que he puesto una pizca, la suficiente para que guste sin que asuste. Y sí, habrá bastantes enigmas de los que tanto te fascinan.
–Y la niña va a desobedecer y va a entrar, ¡a qué sí!
–Espera, espera que las historias tienen su ritmo.
Pero Jorge no podía esperar, aquel relato había prendido su interés con la misma fuerza que a Candela le atraía la vieja casa. Así que aprovechando que su madre tenía que atender a otras ocupaciones, se metió en el libro justo en el momento en el que Candela atravesaba la puerta prohibida. Jorge la siguió. De repente –y aunque la niña no lo veía– quedaron los dos atrapados en una habitación.
–On et sepucoerp –escucharon decir a un niño–. Odnauc savleuser le amgine al atreup es árirba.
Jorge creyó que aquel niño hablaba una lengua extraña, pero luego pensó, que aquella forma de hablar debía de formar parte de un enigma. Lo importante era descubrir la clave para poder entender lo que el niño decía. Y no podía ser muy difícil.
–¡Jorge ven a cenar! –oyó decir a su madre–. ¿Dónde te has metido? Ven, que se enfría la cena.
El niño salió del libro. Sentía dejar allí sola a Candela. ¿Qué sería de ella?, ¿llegaría a resolver el enigma?, ¿qué misterios encerraba aquella casa? ¿lograría Candela salir de allí?
Todas estas preguntas se agolpaban en la cabeza de Jorge mientras cenaba sin prestar atención a lo que comía.
En la cama, cuando su madre fue a darle un beso de buenas noches, él pegó un salto en el colchón y exclamó:
–¡Ya lo tengo! atsah anañam, imam.
–Ya sé dónde has estado –le dijo con cariño su madre al oído–.
–Y ognet sahcum sanag ed revlov.
–De acuerdo. Mañana podrás hacerlo. Candela te estará esperando.
Texto y fotografía: Paco Abril

La conejita Marcela

La conejita Marcela
Autora: Esther Tusquets
Ilustradora: María Hergueta
Editorial: Kalandraka
De 7 a 107 años
Daniela acaba de realizar un extraordinario viaje siguiendo la recomendación de su tutora, que siempre les dice a sus alumnos: «Viajar es una de las mejores maneras de conocer el mundo».
Daniela recordaba que la primera vez que la maestra propuso lo de viajar, un niño preguntó:
–Seño, ¿vamos a ir en tren, en barco, en autobús o en avión?
A lo que la profesora respondió de forma enigmática:
–Lo que os propongo no necesita de esos medios de transporte, sino de un vehículo capaz de llevarnos, no solo al mundo exterior, sino al mundo interior. Y no sólo a esta época, sino a cualquier otra. ¿Alguien adivina a qué me refiero?
Una niña contestó preguntado.
–¿Es una máquina del tiempo?
–Puede decirse que sí, pero una máquina que no necesita ningún complicado artilugio para funcionar. ¿Qué es?
Y Daniela también recordaba que fue ella la que dio la respuesta al enigma.
–Yo creo que eso es un libro.
Antes de continuar, aclaremos que la profesora de Daniela había sustituido la actividad de las fichas de lectura, que a la mayoría de los alumnos les resultaban fatigosas y aburridas, por la realización de un «Cuaderno de viaje», en el que cada uno anotaría su experiencia viajera.
Daniela, que acababa de regresar de un viaje al libro titulado La conejita Marcela, tenía muy vivos los recuerdos de su aventura, y escribió en su cuaderno que, nada más entrar en el libro, fue a parar a una preciosa pradera verde y un hermoso río. Pero dejemos que sea ella quien no los cuente.
«Al llegar, observé que aquel lugar estaba lleno, de conejos. Unos eran blancos y otros negros. Enseguida me di cuenta de que nunca se mezclaban. Los blancos vivían en la parte más alta del río, donde el agua era más fresca y la hierba más rica. Los negros vivían más abajo, donde el agua no era tan limpia y la hierba no tan sabrosa. Todos parecían estar de acuerdo con esta diferencia. Nunca se preguntaban si las cosas podrían ser de otra manera. Los conejos blancos miraban al frente, los negros al suelo. Jamás se miraban a los ojos.
Un día vi como una pareja de conejos negros tuvieron una hija preciosa a la que llamaron Marcela. Marcela no era como las demás. Era negra, pero tenía un ojo descontrolado que miraba para donde le daba la gana. Y le daba la gana mirar de frente, lo que ponía muy nerviosos a los conejos blanco y muy, muy preocupados a los conejos negros. Esto supuso un gran cambio en la vida de aquel lugar».
Hasta aquí lo que contó Daniela. El que quiera saber las impresionantes peripecias que pasó la conejita Marcela, tendrá también que viajar al libro donde se narra su historia. Y se sorprenderá.
Texto y fotografía: Paco Abril

sábado, 25 de febrero de 2012

1001 Juegos de inteligencia


Título: 1001 Juegos de inteligencia
Autora: Ángels Navarro
Editorial: Anaya
De 9 a 109 años
Fernando Romero Suárez, de 10 años, entró en la biblioteca en busca de un libro de juegos de inteligencia. En su colegio estaban tratando de organizar una ginkana, que, según leyó en el diccionario Clave, es una competición o prueba en la que los participantes deben salvar obstáculos y dificultades. Habían acordado que los obstáculos y dificultades que los participantes deberían superar serían de pruebas lógicas, tipo jeroglíficos, juegos de palabras, ejercicios de memoria, acertijos o problemas de matemáticas sencillos. A él, que le encantaba los juegos mentales, le habían propuesto que buscara un buen libro en el que se presentaran, de forma amena, clara y asequible este tipo de entretenimientos que potencian la capacidad de razonar.
Nada más traspasar la puerta de la biblioteca, vio a una señora, que no conocía, sentada en una mesa. Aquella mujer tenía el aspecto de ser una persona afable, inteligente y simpática. Pensó que se trataba de la nueva bibliotecaria y le preguntó cómo se llamaba. Ella le respondió de forma enigmática:
–Mi nombre es 1–14–7–5–12–20.
A Fernando le pareció una manera fascinante de empezar una conversación. Y esa misteriosa respuesta aumentó el interés del niño por la persona que la planteaba.
–¿Así que te llamas 1–14–7–5–12–20? Bien, bien. Pues me parece que esos números corresponden a letras del alfabeto. Si el 1 es la A, el 14 es la N, el 7 es la G, el 5 corresponde a la E, el 12 a la L y el 20 a la S. Tu nombre, por tanto, es Angels.
–Fantástico. Has acertado. Solo te faltó ponerle una tilde a la A. Mi nombre es, pues, Ángels y mi apellido 14–1–23 –1–19–19–16.
–Espera, déjame deducirlo. Tu apellido, que tiene las dos primeras letras de tu nombre cambiadas, es, es... ¡Navarro! Eres Ángels Navarro. Pero me parece que tú no eres la nueva bibliotecaria.
––Muy bien, chico, muy bien. Me dedico, sobre todo, a escribir libros sobre juegos de ingenio. Estaba buscando un niño juicioso, con gran capacidad lógica, que le gustaran los enigmas y la informática, que estuviera matriculado en el colegio Baudilio Arce, que tuviera 10 años, se llamara Fernando y se apellidara Romero Suárez y, lo más difícil, que fuera un entusiasta de los Beatles. Y lo buscaba para regalarle el último libro que he publicado. Como reúnes todas y cada una de estas características, este libro es para ti. Se titula 1001 juegos de inteligencia para toda la familia.
Fernando quedó encantado con aquel regalo, con aquel libro extraordinario que ahora no abandona casi ni para dormir.
Y este cuento, que parece de mentira, como todos; tiene mucho, mucho de verdad, también como todos. Lo que contiene de verdad cada cual lo tendrá que averiguar.
Texto y fotografía: Paco Abril

La historia interminable


Título: La Historia Interminable
Autor: Michael Ende
Editorial: Alfaguara Juvenil
De 10 a 110 años
Irene Romero Suárez, de 12 años, se encontraba un día sola en la calle cuando vio a un niño bastante gordito que venía corriendo muy agitado. Al llegar donde ella estaba, se miraron. El intercambio de miradas duró solo un segundo, pero fue suficiente para que ella viera en sus ojos el temblor del miedo. Enseguida comprobó cuál era la causa de su temor: una pandilla, formada por cinco chicos venía detrás de él insultándolo. El niño, buscando con desesperación un refugio, se metió precipitadamente en un establecimiento. Los bravucones no se atrevieron a entrar. «¡Ya te pillaremos en el cole, cerdito seboso!», le gritaron escupiendo en el suelo, y siguieron su camino.
Irene se sintió incómoda, no soportaba a los abusones. Quizá por eso no se movió de allí. Le hubiera gustado poder ayudar a aquel chico de alguna manera. Pasado un tiempo, observó el establecimiento. No se había fijado nunca en aquella pequeña tienda. Parecía haber surgido en la calle como por arte de magia. Fuera ponía: LIBRERÍA DE OCASIÓN. Sabía, porque se lo había dicho su padre, que en una librería de ocasión se venden y se compran libros usados. Miró a través del cristal de la puerta de entrada. Aunque el interior estaba mal iluminado, pudo ver al niño que hojeaba un libro con mucha atención. Al poco, lo vio salir con el libro oculto entre su ropa.
Ya en la calle, el muchacho miró receloso a un lado y a otro. Solo vio a Irene.
–Perdona ¿has visto a un grupo de chicos que…
–¿Los que te perseguían? Se marcharon en cuanto te metiste en esa librería.
–Por favor, ¿te importaría acompañarme y avisarme si los ves? Me llamo Bastian.
Irene no lo dudó. Ahora podía ayudarle.
–Sí, te acompañaré. Detesto a los que abusan de los demás. Me llamo Irene. Oye, ¿Por qué ocultas ese libro? ¿Lo has robado?
–Digamos que lo he tomado prestado. No te lo vas a creer, pero oí al libro decir: «Llévame contigo». Es muy, pero que muy especial. Se titula La historia interminable.
–¿Me dejas verlo?
–Sí, pero si no te importa, ocultémonos en la entrada de ese local vacío.
Sintiéndose protegido, Bastian abrió el libro. Irene comprobó que el texto estaba impreso a dos colores, rojo y azul. Los dos empezaron a leerlo a la vez. Y, de repente, fue como si algo o alguien les hubiera transportado a otro lugar. Supieron enseguida que estaban en Fantasía, el único territorio del mundo sin fronteras. Y de inmediato supieron que el reino de Fantasía corría el grave peligro de desaparecer. Y supieron también que, en el mismo instante en que abrieron el libro, ellos estaban metidos de lleno en la Gran Búsqueda.
Y si alguien quiere saber lo que les sucedió, las extraordinarias aventuras que vivieron y qué es la Gran Búsqueda tendrá que meterse también en el bosque de páginas de La historia interminable. Y no se arrepentirá.
Texto y fotografía: Paco Abril

jueves, 23 de febrero de 2012

La Oreja Verde cumple mil números


Mil gracias. Mil gracias a todos los que habéis colaborado, seguido y leído La Oreja Verde, el suplemento infantil del diario LA NUEVA ESPAÑA que hoy llega a su número MIL.
Mil gracias en primerísimo lugar al periódico que nos cobija desde hace 23 años. Mil gracias porque, si nuestra información es correcta, en la actualidad, LA NUEVA ESPAÑA es el único diario en el mundo que publica cuatro páginas semanales para niños, niñas y orejas verdes.
Mil gracias a todos los colegios y a los maestros y maestras que han colaborado en este suplemento, que nos han abierto sus puertas de par en par, y que tienen La Oreja Verde empapelando sus paredes.
Mil gracias a todos los padres que ofrecen a sus hijos afecto, comprensión, ayuda y oreja verde, y que nos dejan entrar cada sábado en sus casas.
Mil, mil gracias a tantísimas personas a las que por falta de espacio no mencionamos aquí, pero a las tenemos muy, muy vivas en nuestra memoria agradecida.
Paco Abril, creador de La Oreja Verde
Ana L. Chicano, coordinadora del suplemento

martes, 21 de febrero de 2012

Festival de Cine: la ignominia y la Reina de Corazones



Lee mi artículo "Festival de Cine: la ignominia y la Reina de Corazones" en LA NUEVA ESPAÑA digital.

Qué leen los animales antes de dormir

Título: Qué leen los animales antes de dormir
Autores: Noé Carlain y Nicolas Duffaut
Editorial: Juventud
De 6 a 106 años
Clara tiene 7 años. Le encanta leer y que le lean. Una noche, a la hora de dormir, su madre les leyó un cuento a ella y a su hermana Elena, de 4 años. En el relato aparecían los más diversos animales. A todos ellos les costaba mucho irse a la cama. Una vez acostados, siempre pedían que les contaran algo. Ninguno podía dormir sin las caricias de las palabras que dan los cuentos.
A Clara y a Elena les pasaba lo mismo, pero aquella noche, la más pequeña se durmió enseguida. Y fue entonces cuando, en voz muy baja, madre e hija entablaron esta conversación que contaron a La Oreja Verde.
–Mami, ¿a los animales también les cuentan cuentos para dormir?
–Ya lo creo que sí. Los necesitan para ir muy tranquilos al país de los sueños.
–¿Y qué leen?
–Eso es difícil de contestar, porque cada especie animal tiene sus libros preferidos.
–Si a mí me gustan los cuentos de animales, a lo mejor a ellos les gustan los cuentos de seres humanos, ¿no?
–Es probable, dado que son muy curiosos y nosotros les debemos parecer muy extraños.
–Mami, llama a La Oreja Verde ahora y pregúntale, por favor, si hay algún libro que cuente qué leen los animales.
–Ahora es muy tarde. No son horas de llamar a nadie, además tú ya tienes que dormir.
–Mamá, pero si no lo sé, mi cabeza va a dar vueltas y vueltas pensando en eso y no voy a poder cerrar los ojos. Llama, por favor.
–Bueno, vale, llamo y después te pones a dormir. Vamos a ver. Sí, aquí tengo el número. A ver si contestan.
–Hola, aquí La Oreja Verde.
–Oh, qué bien, mire perdone que le moleste a estas horas, pero es que mi hija Clara me pregunta si hay algún libro que cuente qué leen los animales antes de dormir.
–Tranquila, no es ninguna molestia. Yo estoy aquí para atender a todas las preguntas de los niños, y la pregunta de su hija es importantísima. Pues dígale…
–Perdón, podría decírselo a ella misma, le hará mucha ilusión. Clara, ponte al teléfono, por favor.
–¿Sí? Hola, Oreja Verde, soy Clara.
–Hola, Clara, encantada de hablar contigo. Mira hay un libro precioso que se titula, precisamente, Qué leen los animales antes de dormir.
–Gracias, mañana lo pido en la librería. ¿Puedo hacerte otra pregunta?
–Claro, las que quieras.
–¿Qué leen los canguros?
–Leen de todo, pero solo en libros de esos que se llaman de bolsillo.
–Muchas gracias, Oreja Verde.
–Gracias a ti. Llámame cuando quieras, que duermas bien. Un beso de buenas noches.
Texto y fotografía: Paco Abril