martes, 21 de febrero de 2012

¡Es un libro!

Título: ¡Es un libro!
Autor: Lane Smith
Editorial: Océano Travesía
De 6 a 106 años
En la clase de Esther García Pérez, de 9 años, la maestra les propuso un día a sus alumnos que cortaran dos trozos de papel y que escribieran una palabra en cada uno, la que ellos quisieran. A continuación debían doblarlos bien, por separado, y meterlos en una cajita que la profe tenía encima de su mesa. Una vez hecho esto, cada niño debía sacar dos papeles y preparar un dialogo que fuera interesante, que tuviera chispa, que tuviera gracia en el que entraran las dos palabras que le tocaran en suerte. Para hacerlo podían pedir ayuda a la bibliotecaria, a sus padres a sus abuelos o a quien quisieran.
Al extraer los papeles de la cajita de las palabras, salieron parejas de nombres muy curiosos, como cuchara y árbol; lápiz y chicle; silla y piedra; calcetín y bombilla; pendiente y tiza.
Era un reto apasionante imaginar una historia en la que aparecieran esos dos vocablos en un relato. Un relato que atrajese la atención de quienes pudieran leerlo o escucharlo.
Esther abrió sus papelitos. En uno ponía, con letras mayúsculas, ORDENADOR, en el otro aparecía escrito, también con mayúsculas, LIBRO.
Dado que podíaconsultar a quien quisiera, fue a pedir consejo a la maestra bibliotecaria.
–Vaya, has tenido una suerte loca, pues creo que tengo justo lo que necesitas –le dijo la encargada de la biblioteca mientras le entregaba una de esos objetos raros con páginas llenas de letras y de dibujos que estaba colocado en una estantería.
Cuando a Esther le tocó presentar en clase el relato con sus dos palabras, empezó diciendo:
–Había una vez un pequeño asno y un mono. El asno llevaba un ordenador debajo del brazo, el mono leía un libro. Al asno le picó la curiosidad y le preguntó al mono:
“¿Cómo ajustas las páginas"? El mono le contestó: “No funciona así. Paso las páginas. Es un libro“. Pero el asno no paraba de preguntar: “¿Sirve como blog? ¿Envía mensajes? ¿Tweetea? ¿Tiene Wi–Fi ?» Y el mono, con mucha paciencia le contestaba a cada pregunta: “No. Es un libro“.
Al final, Esther, les contó a sus compañeros que esa historia estaba sacada de un libro precioso que le había recomendado la bibliotecaria y que se titulaba, claro está, ¡Es un libro!
Les gustó tanto a todos que ahora están preparando una representación teatral con estos dos personajes y esas dos palabras.
Texto y fotografía: Paco Abril

El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza

Título:
El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza
Autores: Werner Holzwarth y Wolf Erlbruch
Editorial: Alfaguara
De 5 a 105 años
Javier Gutiérrez Cuervo, de 9 años, entró en la biblioteca con la intención de buscar un cuento para convertirlo en una obra de teatro.
Le atrajo uno que llevaba un título larguísimo: El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza.
Abrió la primera página y tuvo que apartarse a toda prisa para dejar paso a un topo muy enfadado que acababa de salir de su madriguera. El animalillo parecía lanzar chispas por sus ojillos miopes.
Centrémonos en lo ocurrido, porque Javier fue un testigo muy especial de lo que sucedió. Alguien dejó caer eso encima de aquel pobre topo en el mismo momento en el que asomaba la cabeza al exterior.
Eso era gordo y marrón, se parecía un poco a una salchicha. A Javier le entraron unas enormes ganas de reírse, pero cuando vio la maldita gracia que le había hecho al topo, se contuvo.
El animal se enfadó con razón. ¡Cómo no se iba a enfadar! Imagina que eso te lo hacen a tí, que nada más salir del portal de tu casa, ¡plaf!, alguien te deposita eso encima de tu cabeza.
Seguro que exclamarías mirando hacia arriba:
«¡Qué ordinariez! ¿Se puede saber quién se ha hecho esto en mi cabeza?».
Javier siguió al indignado topo que, cual detective, quería encontrar al culpable para darle un merecido castigo.
Oyó cómo preguntaba a los animales que andaban alrededor de su madriguera, tratando de averiguar quién era el autor de tan enorme grosería.
Oyó también como todos le contestaban, con exquisita educación, que ellos nada tenían que ver con ese desagradable asunto. Y para que lo comprobara, cada uno le hizo una demostración de cómo hacía eso.
A Javier le resultó apasionante seguir las averiguaciones de este personajillo.
Al final, el topo, como todo buen detective, acabó preguntando a los mejores expertos, a los que más sabían de esa materia. ¿Y quiénes eran los auténticos entendidos en ese asunto tan oloroso? Las moscas, por supuesto.
Javier comprobó que este libro trataba de eso sin necesitad de llamarlo por su nombre, con una gran delicadeza. Y comprobó también que se leía sin respirar, que era un libro de los que dejan huella permanente, que estaba muy bien dibujado, y que, por supuesto, serviría para convertirlo en una magnífica obra de teatro. Y, si se hacía, él pediría ser el topo.
Texto y fotografía: Paco Abril

Peliculibros. Monstruos en acción

Título: Monstruos en acción
Autores: Pedro Estrada y Raquel de la Morena
Ilustrador: Ernest Sala
Editorial: Hidra
A partir de 10 años

A Pablo Gutiérrez Cuervo, de 11 años, le entusiasma leer, pero no sabía, cuando abrió el libro Monstruos en acción, lo peligroso que podía llegar a ser meterse dentro de las páginas de un relato que te puede atrapar. Porque, digámoslo sin rodeos, eso fue lo que le ocurrió: quedó atrapado en el libro, pero no sin poder salir, sino sin querer salir de él.
Empecemos a contar lo sucedido desde el principio. Pablo cogió el libro, lo abrió y se encontró con un niño que estaba viendo un video de terror. Simpatizó con él enseguida. Aquel niño se llamaba Toño, tenía 10 años y parecían fascinarle las películas de terror y de ciencia ficción.
Luego, todo ocurrió muy deprisa. Sin saber cómo, se encontró en un gran cine, junto con Toño, su hermana Sabrina, y la pandilla de ella. Estaban allí para ver la película más esperada de la temporada, la titulada Monstruos en acción.
Pablo pensó: «Qué cosa tan rara, yo abrí un libro y ahora estoy a punto de ver la mejor peli del año, y además en 3D».
Él creía que aquello era extraño, pero lo verdaderamente extraño vino después, cuando una luz cegadora inundó la sala con un potentísimo destello impidiéndole ver nada. Tras ese fogonazo, sintió una sacudida, empezó a marearse, las butacas desaparecieron. El mareo casi no le dejaba percibir que él y sus compañeros estaban cayendo a velocidad de vértigo. ¡Y fueron a parar de cabeza al agua!
Cuando salió a la superficie, oyó gritar a Sabrina, y aquí copio lo que dijo exactamente la hermana de Toño, para que nadie me acuse de inventar nada:
–¡No puede ser! ¡Estamos en medio del océano!
Pablo no se lo podía creer. Había abierto un libro y, al poco de adentrarse en sus páginas, empezó a vivir la aventura más increíble que se pudiera imaginar.
Y, para colmo, ¡ay, me da un respingo contar esto!, estaban a punto de ser atacados por un monstruoso tiburón, nada menos que el de la película que lleva su nombre.
«¿Me puede pasar algo más impresionante?» –se preguntó Pablo.
Pues sí, por supuesto que sí. Aquello solo fue el comienzo. Estaba metido, con sus nuevos amigos, en otra realidad, la que se contaba en las películas de monstruos, y, además, aquellos niños, tenían que cumplir una misión importantísima: conseguir que esas historias terroríficas que iban a vivir tuvieran un final feliz.
Pablo deseaba ir con ellos, deseaba ayudarlos. Por eso quedó atrapado en la lectura, es decir, en la aventura. Y por eso no quería salir del libro.
Texto y fotografía: Paco Abril

Blancanieves

Título: Blancanieves
Autores: Hermanos Grimm
Ilustrador: Benjamin Lacombe
Editorial: Edelvives
De 5 a 105 años

Lucía García Méndez, de 8 años, estaba empeñada en vivir un cuento. Y no un cuento cualquiera, quería que fuese Blancanieves. Y no una Blancanieves cualquiera, quería que fuese la que había mostrado en clase su profesora con unas ilustraciones impresionantes de un tal B. Lacombe. Esa es la historia que quería vivir y no otra. Y sabía cómo hacerlo. Así que, con gran determinación, entró en la biblioteca. Sin dudarlo, abrió el libro que quería y se metió dentro. Lo hizo con la misma facilidad con la que entraba por la puerta de su casa.
Hacía mucho frío en la primera página. Nevaba. Lucía, tiritando, se detuvo a escuchar a una reina que, asomada en uno de los balcones de su palacio, pensaba en voz alta:
«¡Ojalá tuviera un hijo con la piel blanca como la nieve, los labios rojos como la sangre y el cabello negro, como el ébano!»
La niña se paró en la palabra ébano. Sabia que se trataba de un árbol cuya madera era de un negro intenso, y que se utilizaba, entre otras cosas, para realizar figuras. Recordó haber visto dos preciosos y brillantes elefantes negros tallados con esa madera.
Dado que en los cuentos las cosa ocurren más deprisa que en la realidad, Lucía vio, con alegría, que la reina daba a luz a una niña de piel blanca, como la nieve, los labios rojos como la sangre y el cabello negro, como el ébano. Y, ¡ay!, vio, con profunda tristeza, que la reina moría nada más nacer la princesa.
Vio también como el rey se casaba de nuevo con una mujer tan hermosa como malvada. Y vio que aumentaba su maldad cuando un espejo mágico, que ella poseía, le dijo que Blancanieves era más bella que ella. Y vio, en fin, que la envidia, ese terrible sentimiento, que destroza por dentro a quien lo padece, anidó desde entonces en el corazón de aquella perversa mujer. Y desde ese momento, su única obsesión fue acabar con la niña.
Lucía se acordaba del cuento de Blancanieves, pues se lo habían contado muchas veces de pequeña. Se acordaba del cazador que no quiso matarla y la abandonó en el bosque. Se acordaba de cómo la acogieron los siete enanitos, y de cómo la reina, al enterarse de que estaba viva, llena de rabia, planeó otra vez acabar con ella. Y se acordaba de la manzana envenenada que tanto la impresionaba.
Sí, se acordaba de lo que había pasado, pero nunca, nunca antes había vivido ese cuento tan intensamente como con este libro.
Texto y fotografías Paco Abril

El encuentro

Título: El encuentro
Autor: Enrique Flores
Editorial: El Jinete Azul
De 5 a 105 años

Una profesora, de cuarto de Primaria, les dijo a sus alumnos:
–Vosotros ya leéis muy bien. Mirad, acaba de llegar un libro muy, muy especial a la biblioteca. Se titula El encuentro. ¿Quién quiere leerlo para toda la clase?
Lucía Santos Antuña, de 9 años, levantó la mano.
–De acuerdo, Lucía, léelo tú en voz alta y clara. Antes de empezar hojéalo para que te hagas una idea de su contenido.
La niña abrió el libro, lo hojeó con calma y leyó:
«Un niño está solo en la calle. No sabemos su nombre, pero su cara refleja preocupación. Mira hacia un lado y a otro, parece estar buscando algo, ¿qué será? Camina decidido, como si hubiera encontrado una pista. Le pregunta a un señor que viene leyendo un periódico. El señor pone cara de no saber nada. El niño camina entre personas que están leyendo, charlando, jugando, paseando, tocando algún instrumento. Con la mano en la barbilla, parece preguntarse dónde estará».
–Muy bien, muy bien, Lucía –le interrumpió la profesora – ahora, como ese libro es muy especial, empieza a leerlo de nuevo, pero en primera persona.
La niña ya no dudó. Regresó a la primera página y empezó:
«Me preguntaba dónde se habría metido, cuando vi a un señor que venía leyendo el periódico, le pregunté si lo había visto y me contestó que venía tan concentrado leyendo el periódico que no se había fijado en nada más. Parecía que aquel día todo el mundo estuviera en la calle. Vi cómo se formaba un corro alrededor de un chico que tocaba el saxofón. Pero pensé que no podía distraerme, tenía que concentrarme en encontrarlo, ¿dónde se habría metido?».
–Estupendas tus dos lecturas, Lucía –volvió a decirle la profesora.
–Seño ¿ese libro está escrito de dos maneras? –preguntó un niño.
–De dos o de más, depende de quién lo lea – contestó la profesora–. Ahora ¿quieres continuar tú mismo la lectura, por favor?
El niño se levantó, cogió el libro, lo abrió, lo miró, lo remiró y exclamó.
–¡Pero si este libro solo tiene dibujos! ¡No hay ni una sola palabra! ¿Cómo pudo Lucía leerlo dos veces?
–Porque los estupendos dibujos tienen relación unos con otros. Si los sigues, ves que hablan, que cuentan la historia de un niño que busca algo y, al final, consigue encontrarlo. Lo excepcional en este relato es que las palabras las pone quien lo lee.
Texto y fotografía Paco Abril

lunes, 20 de febrero de 2012

Reportero Doc

Reportero Doc es una publicación mensual editada por Bayard Revistas. Visita su web en la direccón de Internet www.bayard-revistas.com

Una profesora de cuarto de primaria les pidió un día a sus alumnos:
–Quiero que en este curso cada uno de vosotros os convirtáis en reporteros. Para ello tendréis que ir a investigar a diferentes lugares del mundo, preparar un reportaje sobre lo que averigüéis y, al final, contárnoslo a todos en clase.
–Seño –intervino un niño– eso es una broma, ¿no? ¿Cómo vamos a ir a diferentes sitios del mundo? Es imposible.
–Y, además –comentó una niña– tenemos que estudiar, no podemos dedicarnos a investigar, solo tenemos nueve años.
–Tranquilos, no os asustéis. Mirad, investigar se puede hacer a cualquier edad, y, en cuanto a los viajes, hay una forma de ir, sin moverse, a muchos lugares del mundo, incluso de viajar en el tiempo, y hasta de penetrar en sitios donde nadie puede acceder.
–Seño, parece que nos estás contando un cuento –intervino otra niña.
–Sí ya sé que parece un cuento, pero lo que os propongo es posible.
–Pero, profe, ¿cómo va a ser posible eso de viajar sin moverse? –insistió otro niño.
–Dejad a la profe que lo explique –pidió Natalia, otra niña de la clase.
–Gracias, Natalia. Los reportajes que os sugiero están al alcance de todos. Para ello solo tenéis que abrir una revista que se llama Reportero Doc, escoger uno de los fascinantes temas que aparecen en cada número y preparar un reportaje sobre él. ¿Qué os parece si hacemos una prueba? Voy a llamar a tres niños al azar. Vamos a ver, que salgan Daniel Fernández, Vera Zafra y Adrián Díaz.
Los niños recibieron una revista de Reportero Doc cada uno.
–Ahora abrid la revista, penetrad a fondo en uno de sus impresionantes reportajes y venid a contárnoslo como si hubierais estado viviendolos en directo. Con Reportero Doc podéis.
Y ya lo creo que pudieron. De las maravillas que contaron y descubrieron estos niños hablaremos en otro momento.
Texto y fotografía Paco Abril

sábado, 3 de diciembre de 2011

Llara, el oso y la luna
















Título: Feliz cumpleaños, Luna
Autor e ilustrador: Frank Asch
Editorial: Corimbo
De 5 a 105 años

Lo que más le gusta a Llara Prieto González, de 5 años, es estar con su madre, pasear y hablar con ella sin prisas y, sobre todo, que le lea cuentos. Le encantan los cuentos. Los vive. Siente que lo que ocurre en la historia contada está pasando de verdad. Y le gusta sentirlo.
El otro día, yendo con su madre, vio en un parque a un oso. El oso estaba mirando la luna y pensando en voz alta. Llara le oyó pensar: «Me gustaría hacerle un regalo de cumpleaños a la luna».
El oso le preguntó a la luna qué quería como regalo, pero se dio cuenta de que estaba demasiado lejos y ella no podía oírle. Así que decidió acercarse. Se fue en barca por un río, atravesó un bosque y caminando, caminando llegó hasta unas montañas muy altas, muy altas. Llara fue detrás de él, casi sin respirar, en silencio, comiendo un bocadillo para tener fuerzas. No quería perderse el encuentro del oso con la luna por nada del mundo.
Y allí en lo alto de la montaña, la niña, escuchó la conversación que mantuvieron.
El oso, muy educado, empezó saludando, y la Luna le contestó a su saludo.
El oso se puso muy contento y le preguntó:
–¿Cuándo es tu cumpleaños?
Ella le respondió lo mismo.
–¿Cuándo es tu cumpleaños?
Las preguntas del oso rebotaban en las montañas, como una pelota que tiras contra una pared y vuelve hacia ti. Ese rebotar de las palabras se llama eco. Pero ni el oso ni Llara sabían lo que era el eco, ni les importaba saberlo. Lo importante es que el oso supo lo que quería la luna para su cumpleaños y la luna supo lo que quería el oso para el suyo.
Qué querían y cómo se dieron sus regalos no lo sabemos, pero parece ser que todo eso se cuenta en el delicioso libro que una feliz tarde le leyó a Llara su madre. Ah, el libro se titula Feliz cumpleaños, Luna.